El blog de Deja Huella con H

¿Cuáles son las causas por las que procrastinamos?

¿Has experimentado alguna vez esa situación de dejar para más tarde algo que era muy importante o urgente para hacer otra cosa que te apetecía más? Estamos hablando de la procrastinación.

Nuestro cerebro no ha cambiado demasiado en los últimos 10.000 años. Y desde entonces nos hace buscar el placer inmediato en vez de afrontar situaciones complicadas. Así que aunque la procrastinación no es un mal de nuestro tiempo, en la actualidad tenemos millones de estímulos que nos distraen y nos dificultan el focalizarnos en las tareas que debemos hacer. El móvil, las redes sociales, los videojuegos, las series…. o simplemente tumbarnos en el sofá son algunas de las cosas que se nos hacen mucho más atractivas cuando tenemos que hacer algo que nos da pereza hacer.

Pero no hay que fustigarse por ello. De vez en cuando nos pasa a todos cuando tenemos que enfrentarnos a algo que no nos gusta, algo difícil o pesado.  Incluso sin darnos cuenta de ello. El problema es cuando sucede muy a menudo y nos causa frustración porque no alcanzamos las cosas que queremos conseguir. Y es que “lo pendiente cansa más que lo hecho”.

Los últimos estudios neurocientíficos de la Universidad Ruhr de Bochum (Alemania) sobre personas que procrastinan con más o menos frecuencia han desvelado que la causa de cómo funcionan las conexiones cerebrales explica su diferente comportamiento. Y están relacionados con la amígdala cerebral. La amígdala es una estructura con un conjunto de neuronas situada en el lóbulo temporal, que procesa nuestras emociones y controla nuestra motivación. «Las personas con una amígdala más grande pueden sentir más ansiedad por las implicaciones negativas ligadas a realizar una determinada tarea. Suelen dudar y posponer labores con más frecuencia». 

Según otro estudio de la Universidad Carleton (Canadá) la clave es la forma en la que cada persona gestiona sus emociones. Pero, ¿cómo podemos aprender a gestionarlas mejor para dejar de procrastinar?

Para ello tenemos que pararnos un momento a analizar las causas psicológicas sobre cómo estamos gestionando nuestras emociones. A veces la causa es el miedo al fracaso y una baja autoestima. Otras veces el propio aburrimiento. Incluso, las tareas nos parecen mucho más complicadas de lo que son a causa del perfeccionismo y eso también nos impide abordarlas naturalmente. A causa de estos factores pondremos excusas para retrasar la acción. Pero lo cierto es que “cuanto más se aplaza una tarea, más posibilidades tiene de volver a ser aplazada”.

Como sabemos, la dificultad de gestionar las emociones por parte de los niños tiene que ver con la falta de madurez de la corteza prefrontal. Esta parte del cerebro se encarga de la regulación de las emociones y no se desarrolla completamente hasta que los niños se convierten en adultos más o menos a los 20 años. Por eso no los podemos considerar vagos ni desorganizados.  Así que en línea con las investigaciones de la Universidad Canadiense, los más jóvenes tienen excusa para costarles más dejar de procrastinar. Con lo que es fundamental ayudarlos y motivarlos a gestionar su tiempo porque ya de adultos, cuanto desarrollen malos hábitos que les hagan procrastinar, más difícil les será luego modificarlos. Por ello, el entorno social que les rodea tendrá una gran influencia en los hábitos que adquirirán. Unos malos hábitos que imiten de sus la familias serán los que hagan que no se sientan del todo preparados para abordar sus tareas. 

Además hay otras causas ambientales fundamentales que impactan en cómo gestionamos la procrastinación. Un ambiente complejo, desorganizado y poco adaptado a la persona dificultará en gran medida afrontar las tareas de forma ágil.

Pero aunque parece que todos estamos programados para procrastinar, no todo está perdido. Porque otras investigaciones indican además que la práctica de la atención plena (mindfulness) se relaciona con la contracción de la amígdala. Además, según estudios del neurocientífico español Xurxo Mariño, el cerebro no es algo rígido, sino que tiene flexibilidad para cambiar a lo largo de nuestra vida. ¡Así que pongámonos a ello!

En próximas publicaciones en el blog y en redes sociales os mostraré técnicas para evitar procrastinar.

Os dejo un  link a un artículo de la BBC sobre neurociencia y la procrastinación.

Y recuerda, deja hoy huella siendo consciente de las causas de la procrastinación para luchar contra ella.